Llegó Zidane y puso la eliminatoria
patas arriba con un golpe de autoridad desde la pizarra. Un movimiento
magistral que le salió a la perfección y que dio alas a su equipo. Fue
un cambiazo en toda regla el que dio Zidane para verse las caras con el
todopoderoso PSG.
En una de las decisiones más políticamente arriesgadas desde
que es entrenador del Madrid, sentó de inicio a Bale y acabó con la
condición de intocable que tenía desde su llegada la BBC. Emery lucía su
tridente de gala y Zizou se guardaba al galés para dar entrada a Isco y
reforzar el centro del campo. Un golpe de efecto en un momento límite,
con el Madrid jugándose la temporada: Isco titular y Bale revulsivo.
El
Madrid plantó cara y por momentos dominó al rival. Cuando empezó a
sufrir en el segundo tiempo, Zizou siguió con la segunda parte del plan:
tiró de Bale y su velocidad para intimidar al PSG, que en ese momento
acorralaba a los blancos. El panorama cambió y las fuerzas se igualaron.
Con el galés en el campo saltaron las alarmas en los hombres de Emery,
que empezaron a mirar para atrás.
Con el partido
estabilizado, Zidane dio una vuelta de tuerca más y buscó la sorpresa.
Lucas y Asensio al campo. Más velocidad y más trabajo. Una marcha más. Y
el plan funcionó a lo grande porque la revolución de Zidane tuvo efecto
en forma de dos goles en la recta final que lanzan al Madrid en la
eliminatoria.

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